MUESTRA PRESENCIAL LA FÁBRICA

Cómo trasmitir en palabras lo inefable que se desprende de esta muestra?

“Para aprehender una sensibilidad con palabras, sobre todo si es vívida y poderosa, hay que estar alerta y ser ágil” dice Susan Sontag en sus notas sobre El Estilo.

Roggio parte desde el lienzo y en la quietud del reposo que nos ofrece la pintura nos recuerda por momentos que podemos prescindir del cuerpo para suspendernos en el mundo de los recuerdos y de las construcciones simbólicas que como andamios nos incitan a mover nuestro sistema nervioso hacia un más allá de acá. Roggio produce en este des-vío, del lienzo a la fábrica, va en busca del átomo primario, del polvo que conforma ese ladrillo inicial como elemento indivisible, anterior. Lo pulveriza, lo vuelve a modelar, aparecen otras formas, lo cocina y a partir de allí, el ladrillo se torna solo un vehículo dentro de un gran contenedor: la fábrica. Ambos, incluso ella misma, dejan de ser el tema, son solo una vía dentro de un gran espacio moldeando materia húmeda y arcillosa para acceder al código que ha quedado sin descifrar. “¿Dónde buscarlo?” le decía el pincel a Roggio mientras pintaba ladrillos, <<en la fábrica>> escucha mientras pasa el pincel por la tela delineando esa forma rectangular naranja de arcilla madre, dejándose estar en la repetición para que los pasos vuelvan y armen un rulo sobre su historia y así finalmente ingresar al mundo de los recuerdos. Es la insistencia, la repetición, el no saber porque hace lo que hace lo que la moviliza hacia la tierra conocida.

Louis Kahn, desde la simpleza trabajó con el espacio, la luz y la materialidad propia del ladrillo, fenómenos estos menos concretos que el simple apilar ladrillo sobre ladrillo, pero no menos sólidos para el ojo que percibe sobre el final de lo construido qué es lo que se desprende de ese humor que nos permite percibir la forma. “El ladrillo me estaba hablando siempre” dice el arquitecto “primero me estaba diciendo: estás perdiendo una oportunidad”, es por eso que él mismo comenta que debemos preguntarle al ladrillo qué es lo que quiere o qué puede hacer él mismo.

¿Cuál habrá sido la pregunta que la llevo a Roggio a instalarse en la fábrica y volverla su taller de trabajo, de búsqueda?, percibo que no para corregir algo del pasado sino por el placer de volver a estar en ese sitio donde se cocina el ladrillo, con aquellas personas que hoy siendo otras, colaboran en la empresa familiar, dándole sentido a la fábrica más allá de su producción, porque lo que la artista trata de decirnos es que la producción final como producto en sí mismo nada tiene que ver con la sutileza de lo vivido, lo inefable que se juega en ese sitio, es eso lo que arma un modo de ser, una estética en este hacer como artista. Es allí donde se juega la forma en la que ella trabaja, no en el ladrillo precisamente, sino en el polvo que ella amasa a su modo. Es desde y hacia el polvo tal vez donde Roggio ingresa sin registro y nos lleva a su mundo, ¿de qué otra cosa se trataría? Ella cuenta: la fábrica es el espacio de mi historia, un espacio que siempre estuvo presente en mí tiempo, con él puedo dialogar. Esta es una premisa que arma una base, como las que sostienen las columnas que luego soportan grandes construcciones, para que ella vuelva a dialogar con su historia.

Roggio decide hacer físicamente el viaje a la fábrica, simbólicamente a su infancia. La fábrica como útero caliente entre hornos de cocción la recibe y fenomenológicamente se reencuentra con ella misma, con todos. En esta muestra de sitio específico nos invita por un momento a sentir ese segmento de su tiempo, pues lo más poderoso de la obra de arte son con frecuencia esos ínfimos silencios que componen la sinfonía de la vida en la obra de un artista.

Marta Rivero 

Inauguración 25 de marzo de 2023

Guillermo Roggio sur 97, Colonia Caroya

Sala

Inauguración