AGUARDAMIENTO, La redondez infinita y Hasta acá llegaste, susurra el viento


AGUARDAMIENTO

Gonzalo Cascón

Aguardamiento lleva tiempo armándose en el taller del artista Gonzalo Cascón. La muestra
fluctúa entre la instalación de piezas cerámicas, telas embarradas, textos, operaciones en las que
el artista encuentra modos de representación. Así se fue gestando en sus hornos encontrando su
propio tiempo y espacio, fue un trabajo de espera, de silencio, de dejar aparecer lo indecible,
también de retraso y retardo, en fin...de aguardamiento. El texto curatorial lo expresa de algún
modo al cederesa operación de escritura al montaje de textos del libro “La Anunciación” de María
Negroni yen la apropiación de su escritura, el texto se sirve de su decirpara suspenderen el aire un
momento específico e íntimo de la vida de Gonzalo, de su recuerdo, de su memoria. De una
memoria que lo incluye con otros, con todos nosotros incluidos en un momento histórico. No hay
mucho para decir, nada pareciera alcanzar si supusiésemos la memoria como un punto fijo,
estático e inmóvil, sin embargo, pequeños gestos parecen asir un eco dinámico cercano a la
experiencia creativa, lejano de distanciamiento que abre a cada quien un modo de ver y de sentir
lo que en esta muestra resuena. Aguardar es siempre un acto de espera, un signo del espacio
tiempo que mueve el ritmo de la vida humana y ayuda a superarlos obstáculos que son derivadas
de la propia experiencia.
“Alo mejorlo que paso es indescriptible. O no paso, y el sueño no realizado es la clave, dicen que el
arte ayuda a salvaresa falla que se interpone siempre entre realidad y representación. Ahora, solo
debo esperar. Todo vendrá de mí, está en mí, estuvo siempre en mí aunque todavía no lo sepa. Uno
llega y se para en medio de lo que no sabe, temblando yde repente encuentra nada adentro de sí,
es decir, un instinto insensato de declarar su amor, un amor sin destinatario, como si un exilio lo
hubiera pulido. Como si pudiera alcanzarse la verdad, cuando se hamaca el tiempo y el espacio es
una boca abriéndose a otra boca, con los ojos cerrados, -cállate un poquito-, y en ese juego
inmenso, la oca, la figurita tapada, -te cambio una con brillantes pordos normales, Caperucita yel
lobo por fin en el secreto del bosque, alguien desde la calle está llamando, que inoportuno, como
si ellos pudieran contestar. Solo una velocidad exagerada, corriendo hacia el pasado, adonde
esta lo que fuimos, incluso los pellejos que seguiremos perdiendo. Y así, como quien no quiere la
cosa, cada uno empieza a caminaren dirección a su propio centro, como si buscaran de esa forma
la forma oscura de su amor, una manera rara tal vez, en estos tiempos que ocurren, entre la
ideología y la ternura, de ira lo que todavía no se han dicho, como a un lugar en que pase lo que no
pasa y esto, en sí, no tiene nada de malo, en absoluto, porque la vida de un mecanismo extraño, a
veces cruel, a veces también hermoso, como la batalla naval que va a desatarse ahora entre esos
barquitos de papel que van apareciendo en el piso, ¿te acordas cuando jugabas con juguetes?
...en suma, para dirigirme derecho al horrorque es el antepasado lógico de la luz yde ese modo me
pierdo adentro de mi misma, que otra cosa es el presente sino una esquirla, un presentimiento que
incluye la ceguera del pasado,... La infancia es un lugarpoéticamente inimputable y el único deber
de un artista es intimar con el universo. El resultado es una epopeya para nada, que evoca la
violencia y la cose con la falta, sin olvidar un instante que su objetivo mayor es encontrar una
imagen nómada, un fragmento legible de patria que no congele la mirada.” (1)
...Y aquí, en estas salas, con una intuición temerosa pero impostergable Cascón desentierra,
clasifica, pliega, tiende, embarra, recuerda, vuelve a lavar...

Curaduría y texto: Marta Rivero
1_ Negroni, María. La anunciación, Clubcinco Editores, Buenos Aires, 2021.

LA REDONDEZ INFINITA

Miguel Ángel Bondone

Hace medio siglo, cuando éramos niños, comenzamos a acercarnos al por entonces
mágico mundo de las cerámicas de nuestro tío Miguel. Las excursiones a su taller en
Bell Ville para observar su hacer siempre significaron para nosotros momentos de
epifanía en los cuales se revelaban alquimias y secretos. Hoy entendemos que aquella
sorprendente experiencia constituyó para nosotros las primeras aproximaciones a
una de las formas de la belleza. Un recuerdo muy difícil de olvidar. Quedábamos
abstraídos por la forma en que él lograba en solitario, con sus manos y algunas
herramientas aquella redondez infinita, concebida siempre con la plasticidad de la
arcilla. Una tierra roja modelada que luego cocía con leña en hornos artesanales de
alto fuego, ya las que posteriormente añadía algunas pátinas con guanos candentes.
Todo esto hemos querido evocar como homenaje y compartir en esta exposición
única. Desde aquellas primeras experiencias estéticas en las llanuras belvilleneses,
nos siguen maravillando los originales procesos creativos, ahora iluminados tras la
magia de las montañas. La muestra que presentamos aquí significó una compleja y
larga tarea; implicó reunir piezas dispersas (las más antiguas realizadas en los años
70), catalogarlas, realizar acciones de conservación y puesta en valor. Esta exposición
es, en el fondo, un acto de gratitud. Un abrazo a ese legado que sigue palpitando,
como la arcilla sobre la mesa de trabajo, como la vida misma cuando se deja tocar por
la belleza.

Curaduría y texto: Ana Luisa Bondone, Mauricio Luis Bondone y Tomás Ezequiel
Bondone

HASTA ACÁ LLEGASTE, SUSURRA ELVIENTO

Miranda Sarkis

Me desperté y lo supe, era el día. Agarré un pico y una pala, arranqué el auto.
Amanecía, se podían observar los primeros rayos del sol entre las montañas.
Llegué al pie del cerro más verde, el sol ya iluminaba casi todo. Bajé del auto
cargando las herramientas al hombro y comencé a caminar. Un coro de coyoyos y
pájaros musicalizaba la escena. Cuando encontré el lugar que sentí indicado, el
golpe del pico contra la tierra dura comenzó a acompañarlos. En un momento no
escuchaba nada más que mi respiración agitada.
Llegada la tarde dí por casi concluido el trabajo. Entré en el pozo y me recosté. Me
sorprendió lo rectas de las paredes. Logré cavar un rectángulo casi perfecto,
espacioso, la tierra apenas húmeda acariciaba mi espalda. Raíces y piedras,
contenidas en las paredes, me rodean.
Una lágrima salió de mi ojo derecho, dando por finalizado su recorrido en el centro
de mi oreja. No llegó a tocar la tierra.
No puede ser - dije, y comencé a llorar.
Nunca lloré tanto, sin embargo, la tierra absorbía todas mis lágrimas. Me dolían los
ojos, la nariz me molestaba, tapada por una especie de barro improvisado. A duras
penas lograba entrever el cielo luminoso, que comenzaba a estrellarse.
Mi único consuelo era que el río más cercano crezca y me tape. El agua dulce se
mezcle con la salada.
No pasó.
Me dormí profundamente, contenida por las cuatro paredes de tierra y el cielo a lo
alto. Con el cuerpo adolorido desperté. Un nuevo día.

Curaduría: Sofía Culzoni
Texto: Miranda Sarkis

SALAS


INAUGURACION